Un"Plan Marshall" alemán para África

En enero de 2017, el Ministro de Cooperación Económica de Alemania, Gerd Müller, ofreció lanzar un nuevo "Plan Marshall" para África. La retórica del ministro apelaba a ayudar a los países africanos a desarrollar su propia economía con el apoyo de la UE, y ambas partes se beneficiarían de ello. Sin embargo, las connotaciones históricas con el Plan Marshall original tienen los mismos espantosos puntos. ¿Qué pasaría si África fuera conducida a una nueva servidumbre económica, esta vez dependiendo no del FMI y del Banco Mundial (las deudas con estas estructuras seguirán creciendo), sino además de la Unión Europea? ¿Y si la esclavitud fuera más profunda, al igual que sucedió con Alemania y Francia en los años de la posguerra? Estos países tuvieron que firmar paquetes de acuerdos, comprando bienes y servicios impuestos, incluyendo culturales.

El plan alemán no salió ahora por casualidad. En primer lugar, su desarrollo está vinculado al Club de Roma, organización que establece estrategias globales que no consideran los intereses de los países sobre los que se apuntan estas estrategias. En segundo lugar, en 2017 la Unión Africana estaba planeando lanzar una Zona Continental de libre comercio, a pesar de que el proyecto estaba en una etapa de discusión. Puesto que África no tiene acuerdos importantes con Occidente, por ejemplo la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión, donde los Estados Unidos tienen más preferencias, es obvio que este hecho obliga a Alemania a ser la primera en establecer su propia influencia en el continente a través de la UE.

A pesar de que existen varios acuerdos regionales con la UE, hasta el momento no ha habido una estrategia panafricana, pero ha aumentado el interés por África.

Esto se explica por el hecho de que la economía de varios países africanos, incluyendo Etiopía, Kenia y Ruanda, ha crecido un 5% anual en los últimos años. Algunos países poseen grandes cantidades de recursos naturales, incluidas las materias primas energéticas. Se espera que, con el crecimiento significativo de la población, que se duplicaría hasta los 2.500 millones de personas hacia 2050, los países africanos tendrán que crear decenas de millones de nuevos puestos de trabajo.

Es significativo que, actualmente, alrededor del 60% de todos los puestos de trabajo en África se crean con la ayuda de las inversiones chinas. Dado que China siempre atrae a su propia fuerza laboral temporal, Alemania quiere utilizar esto como una plataforma para su entrada en el mercado africano.

El Instituto Alemán para los Asuntos Internacionales y de Seguridad señala que es necesario "discutir el papel del sector privado en el desarrollo de África y considerar atentamente la participación de Alemania en ello. Debido al papel principal que desempeñan las medianas empresas, el sector privado alemán se apoya especialmente en un entorno seguro para sus inversiones ... Si ya se están adoptando medidas para alentar a los círculos empresariales alemanes en África, es importante evitar diversos efectos secundarios perjudiciales, como el efecto de "liberación" de los movimientos de las inversiones privadas con el apoyo gubernamental. Sin embargo, el debate no debe centrarse únicamente en las necesidades del sector privado. Si bien este último tendrá que aportar la mayor parte de las inversiones y crear los puestos de trabajo que África necesita, sólo puede tener éxito si el gobierno africano crea un entorno industrial con sus políticas e inversiones en las áreas de educación, salud e infraestructura".

Dado que Alemania y la UE en general no podrían proveer su mano de obra a África (la población de Europa occidental envejece rápidamente y más bien necesita un flujo externo de inmigrantes), entonces los negocios alemanes acudirán a la infraestructura parcialmente preparada por los chinos, pero al mismo tiempo desacreditarán a China al justificar la necesidad de crear puestos de trabajo para los residentes locales.

Es importante señalar que el interés alemán en África no es algo nuevo. Baste recordar la política colonial de los siglos XIX y principios del XX. Algunas áreas de África Occidental, Central y Oriental fueron posesiones coloniales de Alemania, pero en el formato actual el "Plan Marshall" alemán recuerda en gran medida el ambicioso plan de la segunda mitad del siglo XX.

En 1951, Anton Zischka definió definitivamente África como un apéndice de Europa y propuso el proyecto de Euráfrica. En aquel entonces el capitalismo occidental tenía varios objetivos. En primer lugar, el camino hacia el este estaba cerrado (tanto política como económicamente). Alemania había perdió la guerra recientemente y parte de Europa estaba bajo las armas soviéticas. La salida estaba clara sólo hacia el sur, hacia África. Además, en ese momento la mayoría de los países africanos todavía era colonia de las potencias europeas. Zischka confió en la alianza franco-alemana, que podría consolidarse en África y ampliar su influencia con la actividad de muchos intereses. Sin embargo, comprendiendo la posible resistencia de los movimientos africanos de liberación nacional, el proyecto de Euráfrica fue presentado como una descolonización y una convergencia gradual de los nuevos estados africanos en el sistema político de Europa Occidental.

Estos planes no estaban destinados a ocurrir, ya que el proceso de descolonización fue de otra manera. Principalmente por el apoyo directo o indirecto de la Unión Soviética, que superó a los socialdemócratas europeos.

En ese momento sólo fue posible firmar una convención sobre la inclusión de todas las colonias en la Comunidad Económica Europea en 1957 (junto con el Estatuto de Roma). Aunque se prepararon nuevos acuerdos después de la independencia de las antiguas colonias (las dos convenciones de Yaound, en 1963 y 1969, respectivamente), de hecho limitaron la soberanía de los países africanos en el comercio exterior y las políticas económicas internas.

Parece que ahora la UE y Alemania en particular están listas para embarcarse en un ambicioso plan para una nueva colonización de África.

No obstante, el papel principal se asignará ahora a los instrumentos financieros y la apuesta se colocará en el sector privado. Con inyecciones multimillonarias, que el presidente de la UE, Antonio Tajani, mencionó en el contexto de este plan, el estado mismo en muchos países africanos puede experimentar cambios significativos. ¿Dónde están las garantías de que los flujos financieros no afectarán a los modelos tradicionalmente establecidos y el equilibrio de poder en África, habida cuenta de que la primavera árabe mostró excelentes oportunidades para la desorganización de regiones enteras?

Un paraguas político para esto puede ser presentado en la próxima cumbre del G-20, que Alemania presidirá. Sin embargo, por otro lado, existen restricciones relacionadas con las próximas elecciones parlamentarias, ya que es improbable que se tomen las decisiones pertinentes antes de la reorganización del equilibrio político en el Bundestag.

La iniciativa fue conocida en África con cautela. Así, el hijo del ex presidente de Uganda, Hussein Lumumba Amin, señaló que este plan está vinculado a una estrategia de exclusión política y es un truco preelectoral, ya que Alemania tiene graves problemas con los inmigrantes. Además, el 80% de toda la ayuda occidental actual se gasta en gastos administrativos, y los contratistas suelen ser las mismas organizaciones occidentales.

Otros investigadores africanos recordaron que Alemania aún no ha pagado reparaciones por el genocidio en África, y las demandas ya están siendo examinadas por las autoridades pertinentes.

Además, el nombre en sí mismo es claramente percibido en África como humillante. Después de la Segunda Guerra Mundial, Europa estaba en ruinas. Por lo tanto, la iniciativa alemana se percibe como un intento de reconstruir África desde el exterior, sin el consentimiento de los africanos.

 

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